El efecto Dunning-Kruger es un sesgo cognitivo por el cual las personas con menos habilidad para una tarea son las que más probablemente sobreestiman su capacidad para la misma. Por el contrario, las personas con más habilidad son las que más a menudo la subestiman.

Podríamos decir, entonces, que la falta de capacidad o habilidad conlleva, en la mayoría de casos, cierto grado de arrogancia.
El ignorante (entendido de ahora en adelante como la persona con falta de capacidad o habilidad para una tarea o ámbito concreto) padece de algún tipo de «atrevimiento» o «vanidad» que le lleva a considerarse más conocedor y más capaz de lo que en realidad es. Por el contrario, el misterio de lo desconocido se presenta como inabarcable ante quien tiene la suficiente capacidad como para, al menos, advertir sus limitaciones (con respecto a esa misma tarea o ámbito). De algún modo, la alta capacidad es más prudente.
Una pista, por tanto, de que estamos ante una persona ignorante es que esta persona es poco humilde con respecto a lo que desconoce, y sobrevalora lo que conoce — o en muchos casos sólo cree conocer.
«Los mejores cerebros de la historia de la humanidad estaban y están equivocados. La Tierra no es esférica. Sin embargo, yo conozco la verdad. Yo comprendo la verdad. Yo sé algo que ellos desconocían y desconocen. Yo he encontrado la verdadera naturaleza de nuestro planeta. Yo afirmo que el planeta es plano.»
Según la estadística, alguien lo suficientemente arrogante como para sobrevalorar de este modo su habilidad para descifrar el universo es, con alta probabilidad, alguien poco capacitado para ello. Alguien que, al menos en lo que se refiere a este ámbito del conocimiento, es probablemente ignorante.
Contra esto, un terraplanista podría argumentar que «afirmar que todo lo que dicen las autoridades científicas es verdadero porque lo dicen las autoridades científicas» no es más que una falacia (argumento ad verecundiam). Y tendría razón. Lo mismo si decimos que algo es verdadero porque lo dice una persona inteligente.
Sin embargo, el motivo por el que considero que un terraplanista es ignorante no es porque no acepte que el planeta Tierra es esférico, sino porque asegura conocer (bajo supuestos criterios que cuestionaré a continuación) la «verdadera forma» del mismo (negando categóricamente, en consecuencia, que el conocimiento de personas más cualificadas y hábiles que él — en el estudio crítico y observación del universo — sea apenas válido).
Las preguntas son inteligentes. Las respuestas, no tanto.
Durante una conversación fuera de cientificismos, alguien podría preguntarse si realmente la ciencia es capaz de dar todas las respuestas, o si siempre va a haber algo que se le escape. De hecho, desde la filosofía, está muy (y muy bien) argumentado que la ciencia presupone demasiados puntos de partida que ni ella misma puede demostrar como para poder considerarse el único (o el mejor) método de conocimiento.
Tal vez podemos preguntarnos si los números o si los sentidos podrían estar siendo engañosos y, tal vez, la ciencia esté equivocada como tantas veces a lo largo de la historia lo ha estado.
Estas son todas discusiones productivas e interesantes desde un punto de vista filosófico.
Sin embargo, no es lo mismo preguntarse si la ciencia podría estar equivocada o si podría tener una visión incompleta con respecto a la forma del planeta Tierra (y tal vez estudiar o presentar los motivos que nos llevan a pensar esto) que afirmar rotundamente que, no sólo la ciencia está confundida, sino que además, uno mismo está acertado y conoce la «verdad».
Porque aunque hacerse preguntas es síntoma de inteligencia (precisamente por el reconocimiento y la constatación que uno hace de lo desconocido al formularlas — de nuevo, este es un movimiento prudente, cuidadoso), creer que las respuestas que uno halla intuitivamente (inmediatamente, fácilmente, primeramente, superficialmente) de algún modo invalidan las que concluyen siglos de pensamiento y estudios humanos a través de diferentes fuentes y métodos… es alarmantemente atrevido. Poco prudente, poco cuidadoso, y probablemente poco hábil.
Frecuentemente, la ciencia es capaz de demostrar o teorizar sobre fenómenos que a primera vista son, precisamente, contra-intuitivos (no inmediatos, no primeros, no perceptivamente superficiales). Cuando uno observa por la ventana, el planeta Tierra no parece esférico, y sin embargo, la ciencia dice lo contrario. ¿Por qué?
Porque «lo que a uno le parece” no es una base suficiente para el científico, cuyos estudios se respaldan por un criterio y un método. El famoso método científico.
Ahora, ¿Qué base es suficiente o insuficiente para el terraplanista? ¿Cuáles son sus criterios o líneas de verdad? No está muy claro, y vamos a verlo a continuación.
El falso «pensamiento crítico»
La idea de que la Tierra es definitivamente plana (tal y como he visto que se presenta normalmente en foros o blogs) es una propuesta que no se sostiene mediante ningún criterio de verdad consistente y unificado. No sigue líneas ni marcos, lógicas o silogismos, bases de datos o métodos de investigación, observación y estudio, ni ningún otro tipo de contexto o fundamento concreto y único. Para que nos entendamos: si el Terraplanismo fuera un Trabajo de fin de Grado, estaría suspenso (no por ser MENTIRA, sino por ser insuficiente).
La idea de que la Tierra es esférica, por el contrario, sí cuenta con todo este soporte. Incluso en el hipotético caso de que fuera una idea «equivocada» o incompleta, está estudiada de forma suficiente. (Si fuera un Trabajo de fin de Grado, estaría aprobado — no por ser VERDAD, sino por ser un estudio crítico, metódico, exhaustivo, coherente, contextualizado, enmarcado, fundamentado, unificado, consistente)
Más bien, lo que suelo leer son alegatos «contrarios a lo establecido», que fácilmente saltan de un criterio a otro (siendo éstos a menudo muy débiles como para sostener más de un argumento al tiempo), mediante los que estos «librepensadores» parecen querer, no ya defender una idea con respecto a la naturaleza del planeta en el que habitan, sino diferenciarse de una supuesta masa ignorante a la que no quieren pertenecer.
«Yo no soy ignorante como los demás, porque yo no me creo todo lo que me dicen. Yo no soy una oveja más en este rebaño ciego. Yo voy por libre, porque yo puedo pensar. Yo tengo pensamiento crítico. No soy uno más. Yo he despertado. Yo soy consciente.»
De nuevo, podríamos decir que en este tipo de alegatos hay cierto tinte egocéntrico (yo soy más inteligente, yo estoy más despierto, yo tengo un pensamiento más consciente que los demás), o incluso temerario / rebelde / infantil (yo no hago lo que me dicen, yo me rebelo contra lo establecido, a mí nadie me entiende, yo quiero escapar).
Por otro lado, una persona que cuestiona las posibles fallas de ciencia (e investiga o trabaja para salvarlas), como ya hemos dicho antes, no es más que… otro científico. Cuestionando a la ciencia, uno no estará haciendo nada que la ciencia no haya hecho ya.
El científico avanza cuestionándose a sí mismo. Echándose por tierra a sí mismo. Y este cuestionamiento eterno, volviendo a Dunning-Kruger, es síntoma de una capacidad (al menos) más alta que la de quien no duda de estar en lo cierto.
Éste es el verdadero pensamiento crítico del que presume quien carece de él. No sólo es escéptico con respecto al conocimiento de los demás, sino también con respecto al suyo propio. (Dime de qué presumes, y…)
Pero volvemos al TFG suspenso:
Cuando un terraplanista trata de «explicar» por qué la Tierra es plana, intenta hacerlo en base a argumentos científicos (es decir, que no se sale del marco de la ciencia para intentar demostrarlo), he aquí el problema más básico y lógico. Los argumentos supuestamente científicos que lanza un terraplanista ya han sido refutados hace tiempo por la propia ciencia (es decir, que el marco de estudio en el que el terraplanista quiere situarse es el mismo marco que ya refuta estos argumentos desde hace siglos).
La única forma en que se podría demostrar científicamente que la Tierra es plana sería planteando argumentos, observaciones o cálculos que no pudieran ser refutados por la ciencia, que cambiasen el paradigma de la comunidad y el rumbo de toda la historia de la Humanidad. Si alguien hiciera eso, ganaría como mínimo el premio Nobel. Mientras tanto, el terraplanista (que para demostrar su tesis trata de imitar al científico e imitar su método) no estaría haciendo nada más que intentar demostrar que la Tierra es plana con argumentos que, o bien están mal planteados, o bien se vuelven en su contra.
La única forma que le quedaría de demostrar que la Tierra es plana sería hacerlo fuera del método científico, fuera del marco de la ciencia. Que pudiera llegar a la conclusión de que la Tierra es plana por otro camino del conocimiento que no fuera la ciencia. Sin necesidad de la matematización, observación o experimentación que la caracteriza. Y que de algún modo, el camino que utilizase para llegar a esa conclusión se sostuviera mediante un criterio consistente que resultase razón suficiente. Parece complicado, y hasta ahora nadie lo ha logrado. Éste sería otro Premio Nobel, supongo, aunque no sé en qué categoría.
El ego nos aleja del conocimiento
Bajo mi punto de vista, el terraplanista no es ignorante por «no entender por qué la tierra es esférica», por «no aceptar que lo es», o «por no saber explicarlo». Es fácil reírse de ellos por eso, mientras que muchísimas personas en el mundo no lo sabrían justificar del todo bien o sólo podrían hablar de ello en términos muy generales. Yo misma, porque soy de letras, como habrás podido comprobar. En realidad, considero que el terraplanista es ignorante por afirmar con atrevida seguridad, sin ningún criterio de verdad que se sostenga, algo que sólo se puede creer.
Por otro lado, e incluso arriesgándome a caer en alguna falacia de autoridad, considero que en nuestra búsqueda de conocimiento como seres humanos, sí es esencial reconocer las contribuciones de diferentes investigadores, disciplinas, fuentes y métodos. Los innumerables estudios y descubrimientos de aventajados pensadores que llevan arrojando luz sobre nuestra mediocridad desde antes de Cristo. De otro modo, creo que sólo caemos en las trampas del ego. Y esa es una forma probablemente necia de utilizar nuestros privilegios como ciudadanos modernos.
Por supuesto, puede que la ciencia (y aplica también para otras disciplinas del conocimiento) no nos acerque tanto a «la verdad» como pensamos — incluso aunque no sepamos entender del todo qué queremos decir con «la verdad» o si existe tal cosa. Pero desde luego, la arrogancia frente a los intentos de hallarla sólo nos aleja de aquella.