Estoy buscando constantemente algo que mantenga mi interés. Que me mantenga concentrada todo el tiempo. Algo que le de sentido al paso de las horas, que me conserve en mi burbuja. Necesito algo para no volver nunca a levantarme, para no volver a perderme. Algo que me haga permanecer sentada, clavada al presente, con los ojos entre las líneas y la mente fija en las palabras, buscando la respuesta perfecta.
Necesito algo que me haga bajar la cabeza. Hundirla entre las minucias hasta que no queden migas y me cueste respirar. Nada tan genérico, nada tan disperso, algo concentrado y denso que dure para siempre hasta el final. Necesito algo que mantenga mi atención. Que me atraiga lo suficiente como para que no vuelva a extraviarme entre la ausencia de límites. Algo que haga que me olvide de comer y de dormir.
Estoy en una búsqueda desesperada y eterna de enfoque y sentido. Necesito un ancla mental, quiero estar presente. Quiero impedirme el vacío. Tengo la necesidad permanente de algo intenso y absorbente que me obligue a estar completamente inmersa. Me molesta no tenerlo, lo busco como una adicta a una especie de droga mental que me mantenga despierta y alerta.
Si no es un nuevo interés cultural, es una nueva persona. Si no es una nueva persona, es un nuevo aspecto de mí misma. No importa. Lo que sea con tal de no enfrentarme a la posibilidad de que no haya nada más. Lo que sea con tal de no aceptar que mi vida es el trabajo y la casa. Necesito un depósito para mi atención como condición de posibilidad a mi vida, o de otro modo moriré para siempre sin haberme vuelto a obsesionar.
Necesito obsesionarme. Necesito adentrarme en algo con la violencia con la que se entra en un bosque sin senderos, arañándome los brazos, perdiendo la noción del tiempo y el espacio. Algo que no me deje salida fácil, que no me permita levantar la vista para comprobar la hora. Quiero un túnel, no un paisaje. No busco felicidad ni calma, busco fricción.
Busco esa tensión que mantiene el cuerpo inclinado hacia adelante. Quiero una pregunta que no se deje responder, una forma que no termine de cerrarse, una presencia que me exija estar a la altura. Algo que me ponga a prueba y me devuelva mi peso en específico.
Necesito algo que me nombre mientras lo nombro, algo que me mire de vuelta. Porque cuando no hay nada que encuentre mi atención, yo también me desaparezco por los bordes. Mientras haya algo capaz de reclamarme por completo, aunque sea por un tiempo, todavía estoy aquí. Todavía no me he perdido. Todavía sigo viva.