Casi Famosos no es un retrato del mundo del rock and roll de los años setenta. No es una película sobre amor y amistad, ni sobre música o periodismo. En realidad, considero que Casi Famosos nos habla del peligroso poder seductor de las fantasías.
—Cariño, eres demasiado tierno para el rock and roll— acusa Penny Lane al protagonista.
William Miller se vuelve hacia ella con el ceño fruncido.
—¿Tierno? ¿Por qué dices que soy tierno? ¡Soy oscuro y misterioso, y estoy muy cabreado!—le responde.
—Si alguien en el mundo real me mirase como tú me acabas de mirar…
—¿Mundo real? ¡Dime dónde y cuándo existe ese mundo real!—se queja William entonces—. ¿Penny Lane? ¡Ni siquiera sé cómo te llamas de verdad!
La historia sigue a William Miller, un joven reportero de la revista Rolling Stone que se embarca en una gira con la banda ficticia Stillwater. Su reto es mantener la integridad en un entorno romántico y complejo donde la realidad parece distorsionada. Pero a pesar de los consejos de Lester Bangs, el incendiario critico musical que le tutoriza, William accede a los cantos de sirena del rock and roll y se deja llevar por sus interesantes y glamurosos personajes.

GRUPIES, BANDERAS Y ESTRELLAS DEL ROCK.
—No soy una grupie— se defiende Penny Lane, cuando William la etiqueta como tal—. Soy bandera de la banda.
Así se nos presenta la primera fantasía de la película, ya que Penny Lane es, de hecho, una grupie. Una fan de Stillwater que está enamorada del guitarrista, y que termina siendo su amante. Él se la sortea a cambio de un par de cajas de cerveza durante alguna partida a las cartas y finge que no existe cuando aparece su esposa. El personaje, interpretado por Kate Hudson, parece ser incapaz de enfrentar el hecho de que ella solamente es una persona más en el séquito de la banda, y que su amor por Russell no es correspondido.
La segunda fantasía es que Penny Lane ni siquiera es un nombre de verdad. Es una calle de los suburbios de Liverpool que dio nombre a una canción de The Beatles, y un personaje que ella interpreta creyendo que el romanticismo y el humo la salvarán del dolor y la ordinariez.

El carismático guitarrista del que Penny Lane está enamorada, Russel Hammond (Billy Crudup), no se salva. De algún modo, se considera invencible. Rehúye de forma infantil las tensiones internas de la banda y le pone los cuernos a su esposa creyendo que «aquello que ocurre durante la gira se queda en la gira». Vive en un sueño de libertad y alcoholismo que no es más que una tercera fantasía, y se niega a responder a las preguntas de William para su reportaje. Tal vez porque son la representación patente de todo lo que intenta evitar.
Por su parte, el vocalista Jeff Bebe (Jason Lee), está consumido por los aires de grandeza, la envidia y los celos. No es capaz de enfrentar el hecho de que no es el miembro más importante de la banda, ni tampoco acepta la realidad de lo que William termina escribiendo para la revista sobre su inmadurez. Vive en una cuarta fantasía.

Casi Famosos: DE VUELTA A CASA.
Casi Famosos es un recordatorio constante de que, aunque las fantasías pueden ser muy atractivas y ofrecernos una escapatoria temporal, el retorno a la realidad es inevitable y, a menudo, doloroso. Cuanto más tratemos de evitar la caída, huyendo hacia arriba y creyendo que podemos volar como dioses dorados, más nos dolerá el golpe.
Las fantasías de Penny se rompen hacia el final del película, cuando cae en una espiral de autodestrucción. De vuelta a casa, y tras confesarle su verdadero nombre a William, vemos a la mujer auténtica que se escondía tras aquellos slogans y abrigos de pelo.
Cuando la gira ha terminado y llega el regreso a la realidad, Russell cae en la cuenta de que Stillwater ha quedado retratado en la revista Rolling Stone como lo que realmente son: artistas pretenciosos que se niegan a comportarse como adultos. Así, Penny le insta a presentarse en casa de William y a hacer lo que sabe que tiene que hacer: pedir perdón.
Quien le abre la puerta es la madre del chico, Elaine Miller, interpretada por una Frances McDormand que hace un trabajo extraordinario. Una mujer implacable que no está dispuesta a dejar que su hijo se vea envuelto en ninguna historieta del rock. Ella representa ese ancla al mundo real. Los pies en la tierra. El hogar. El regreso.

«No estás hablando con una madre cualquiera – conozco perfectamente a tu calaña de decadencia y no debí dejar que William fuera con vosotros. Él no está listo para vuestro mundo de valores comprometidos y neuronas disminuidas que desperdiciáis como el confeti. ¿Me estoy explicando claramente? […] No es demasiado tarde para que te conviertas en una persona de valor, Russell. Por favor, trae a mi hijo a casa sano y salvo.»
Una vez más, y para siempre.
Revisitando la película una vez más, me doy cuenta de que el poder de la fantasía ya estaba allí mucho antes de que William se embarcase en su aventura con Stillwater. Su hermana mayor, que interpreta Zoey Deschanel, le sirvió como ejemplo desde bien pequeño. Fue ella quien le abrió la puerta al mundo del rock and roll, dejándole sus discos de vinilo bajo la cama. Fue a ella a quien William vio marchar del hogar en un grito de ensueño adolescente.
Tal vez aprendió algo de ella. Tal vez la quinta fantasía es la de un William de quince años que todavía cree que el mito de las estrellas del rock es glamuroso. Que todavía cree en la idea de que, en algún momento del futuro, él también vivirá esa vida.

Casi Famosos es una reflexión sobre el idealismo. A través del viaje de William Miller, la película nos muestra que aunque nuestro mundo de fantasías puede actuar como un refugio, es en la realidad donde encontramos el verdadero sentido. Todos los personajes tienen su propio «regreso a casa» y nos enseñan que, aunque es tentador perdernos en nuestros sueños, enfrentar la realidad no sólo es un acto de valentía, sino también el único que nos permite crecer – y vivir como gente auténtica.