Últimamente todo es más real. También el miedo.
También los pensamientos que me acechan en mitad de la noche, y los recuerdos que se agolpan a la misma hora.
Por suerte también se han vuelto más reales el deseo, el sabor del dulce, el abrigo y la luz. La sensación de estar viva aquí adentro.
Últimamente todo es más real. También el tiempo y los remordimientos. Lo que regalé a cambio de nada. Lo que me regalaron y no supe agradecer.
Ultimamente pienso mucho en mi madre. En su proceso de enfermedad y muerte.
He dejado de verla como a un ente perfecto e intocable paralizado en el tiempo. Parece que ahora el tiempo pasa también para ella. Para su recuerdo en mí.
Parece que se mueve y evoluciona, como todas las cosas por las que pasa el tiempo. Como todas las cosas reales.
Me imagino sus miedos, su dolor, su alivio, el latido de su corazón, y todo aquello que la convierte en mucho más que una simple idea fantasmal. Ya no es tan inalcanzable.
Últimamente todo es más real. También todo lo demás.