Todavía no hemos descubierto todo el potencial del aburrimiento. En mi opinión, aburrirse puede ser todo un placer, y hoy te cuento por qué. Te presento: «el placer de aburrirse». ¡Allá vamos!
Dicen que el aburrimiento es lo peor. Que hay que evitarlo a toda costa. Que hay que hacer miles de cosas para ocupar las horas y librarnos de nosotros mismos durante el máximo tiempo posible.
Dicen que si estamos aburridos es porque somos improductivos, vagos, desinteresados. Solitarios. Porque perdemos el tiempo en caprichos inútiles de nuestra mente infantil. Que las personas exitosas, trabajadoras, y felices no se deberían aburrir.
«¿Estás aburrida? ¡Pues haz algo!» Te dicen. «Limpia la casa, haz la lista de la compra, sal a dar un paseo, ponte una película, aprovecha para hacer la colada, las tareas pendientes…»
Pero, ¿a qué clase de mente macabra se le ha ocurrido pensar que dejaré de aburrirme en cuanto empiece a hacer la colada?
¿Y las películas? ¡Mucho confías en el cine para curar tu profundo hastío vital!
El placer de aburrirse en el parque de atracciones.
Tenemos una imagen del aburrimiento muy errónea. Creemos que el aburrimiento es una persona perezosa que está tirada en el sofá y no quiere hacer nada. Que se queda viendo la vida pasar, que no toma acción, y que no para de perder su tiempo. Creemos que para estar aburridos tenemos que estar en casa, apalancados, tumbados, y en pijama.
¡Pero no! Resulta que esa persona que no para de hacer cosas en todo el día, que va de aquí para allá, de reunión en reunión, y cumpliendo con miles de obligaciones formales del día a día, que queda con una amiga para el café, también se aburre. Se aburre tanto que utiliza el tiempo para soñar despierta con las vacaciones.
Y es que sí, (¡sorpresa!) también puedes aburrirte cuando estás ocupado. Te puedes aburrir en el trabajo, en el cine, en hasta en Disneyland de París.
Pero ante todo mucha calma, que ahora viene lo más interesante:
No pasa nada por estar aburrido.
Estar aburrido no es improductivo. No es de perezosos, no es de vagos, no es de infelices. Estar aburrido es un estado, igual que cualquier otro. Algunas cosas nos divierten, y otras no. Algunas cosas las disfrutamos más, y otras menos. ¡Así es la vida!
Si nos aburrimos demasiado a menudo, quizá es una señal de que debemos cambiar algo. También puede ser un síntoma de que debemos cuidar nuestra salud mental en el caso de que el aburrimiento sea tan profundo y continuado que nos impida vivir una vida plena. En cada caso será diferente.
Las acciones que tomamos con la absurda intención de luchar contra el aburrimiento son absolutamente inefectivas y nos provocan todavía más frustración de la que ya teníamos de partida.
Para mí, el aburrimiento es algo que cobra vida dentro de nosotros, que se abre paso a través de un momento que parecía haber muerto. ¿Qué tiene eso de improductivo?
¡Dejemos que la gente se aburra de vez en cuando! ¡Dejemos de anotar a los niños a todas las actividades extraescolares que existen! ¡Se van a aburrir igual!
Tarde o temprano, el cerebro NECESITA aburrirse. Lo irá buscando por todas partes hasta que lo encuentre así que deja de viajar en zigzag alrededor de él. Abúrrete un rato, y déjalo marchar.
Recuerda: no prives a tu cerebro del enorme placer de aburrirse.
Es mi consejo.