Las palabras se me solían quedar dentro. Quería decirlas pero no podía: se me atascaban en la garganta. Un nudo de palabras. Una gran bola de palabras en la garganta.
Tanto, que después de andar callándomelas, llegaba a casa y salían a borbotones. Como quien vomita palabras.
Hablaba con las plantas, hablaba con las ventanas, hablaba con la almohada. Hablaba porque sabía que no me iban a escuchar, y parecía que las palabras salían más fáciles así.
Hace poco he notado que he dejado de hacerlo. Que llego a casa y me quedo mirando a las plantas en silencio. Que me recuesto sobre la almohada, en paz, y no me queda nada por decir.
Se ha deshecho mi nudo de palabras.
Ahora salen, brotan como flores. Termino el día habiendo dicho lo que quise decir. Ya no me revuelvo entre las sábanas buscando la palabra perfecta.
Ya no ensayo lo que diré mañana.
Ya no recuerdo lo que dije ayer.