Me mantengo en la idea (y moriré en esta colina) de que no hay nada mejor que convertirse en un habitual.
Nada es más especial en esta vida que encontrar un bar que te guste —a ti y a tus amigos— y volver siempre en bucle al mismo bar hasta que lo aborrezcáis. Porque llega un punto en que, en este lugar, ya no sois simples consumidores. Os habéis convertido en ciudadanos de un lugar llamado bar.
El camarero te saluda cada vez que entras como si fueras un viejo amigo al que hace tiempo que no encuentra, y se aprende tus gustos para la bebida. “Lo de siempre, ¿verdad?”, te pregunta. Y efectivamente, pides lo mismo de siempre —porque eres alguien fiable y consciente de sí mismo. Si un día pides algo diferente, se sorprende de una forma reconfortante. “¿Una copa de Ribera? ¿Pero qué te pasa, amigo? Estás irreconocible”. Y si hay mucho registro de actividad, incluso puede que te guarden una mesa o que te inviten a un trago. Aquí has nacido y aquí morirás.
Tú, en realidad, no recordarás cómo llegaste allí la mayoría de veces (a los “sitios de siempre” se suele llegar por inercia). No recordarás la fase en la que evaluaste si era buena idea entrar allí, como sí lo hiciste con otros lugares cuyo escenario no cuajó para tus noches de anhelos profundos. Te ahorraste una decepción porque tu cuerpo te lo pidió. Es biología.
Prueba sitios nuevos, claro. Prueba sitios nuevos como quien tiene una aventura fuera del matrimonio (esto es importante para recordar que aún tienes talento para seducir, que tu primera media hora es arrebatadora, y que tu vida todavía te confiere cierta novedad), pero vuelve. Vuelve al sitio de siempre. No te resistas. La muerte es inevitable, hombre.
Piensa que ese bar que has perpetrado hasta la saciedad permite que las relaciones con tus amigos se consoliden por tener un punto fijo al que acudir (allí sois como compañeros de piso). Permite un ancla para algunas amistades que han de sobrevivir a cambios vitales —cada vez más profundos conforme rondas los 30 y la gente empieza a formar familias. Y, por supuesto, te permite medir el paso del tiempo con cierta claridad (independientemente de lo que rece el calendario, que para estos casos es irrelevante).
Vuelve al mismo bar. Descúbrelo una vez más. Quién sabe. Tal vez hayan tapizado los sillones.
“If the shoe fits, walk in it everywhere you go”.