Me gusta un caballero que sea interesante
21 de noviembre de 2024
Me gusta un caballero que sea interesante

Hablar de masculinidad en el año 2024 es adentrarse en un terreno pantanoso, así que procuraré hacerlo con cuidado. Algunas personas rechazan los roles asociados a la misma por estar «obsoletos» y pecar de esquemáticos, mientras que otras los defienden a ultranza por ser «naturales» y legítimos. Pero sea cual sea nuestra posición al respecto, está claro que el rol de género masculino tradicional no ha desaparecido.

De hecho, he venido observando que para muchas mujeres heterosexuales (y en general para muchas personas a las que les atraen los hombres), algunos valores asociados a la «masculinidad tradicional» —como la confianza en uno mismo, la protección, la caballerosidad o la asertividad—siguen siendo muy atractivos. Lo que parece que ha cambiado es el contexto en el que estos valores se expresan y cómo se gestionan y matizan para que sean compatibles con los ideales de igualdad y libertad personal que impregnan nuestro zeitgeist.

Una reciente moda en TikTok, por ejemplo, señala la preferencia de muchas mujeres por el tipo de hombres que dirían: «Tú solamente concéntrate en estar lista para las ocho, que te paso a buscar», en lugar de: «No sé. ¿Tú a qué hora quieres quedar? ¿Qué hacemos? Ya me dices.» Parece que perciben un encanto profundamente cautivador en el primero (la promesa es interesante, misteriosa, y las invita a ponerse un little black dress), y algo anodinamente aburrido en el segundo. ¿Qué pensará la manosfera de esto? ¿Es injusto? ¿O es así como las cosas deben ser?

Un vídeo de Wall Street Wolverine que se cruzó conmigo en Twitter (y que comentaré en detalle más adelante) me ha hecho recuperar el interés por esta conversación tan curiosa.

¿Puede una mujer moderna, defensora de la igualdad entre hombres y mujeres, caer rendida a los pies de un «caballero interesante […] de esos que te abren la puerta y te mandan flores»?

La ambigüedad de los roles tradicionales: lo que atrae y lo que repele

Bueno. Está claro que los roles tradicionales siguen teniendo un atractivo nostálgico y dulce. La diferencia está en que ahora ya no se quieren aceptar tanto como normas a seguir, sino como cuestiones a gestionar —desde una perspectiva casi lúdica.

Una cosa es ser un hombre seguro y capaz de liderar, y otra cosa muy distinta es ser un mandón y un egocéntrico que no sabe escuchar. Una cosa es ser un hombre atento y cortés, y otra es ser paternalista e interesado. (Igual que no es lo mismo ser una mujer cándida y sensible, que una inútil incapaz de valerse por si misma.) Estos son los matices que ahora analizamos con lupa antes de involucrarnos emocionalmente con un gentleman.

Pero lo verdaderamente divertido es que este «nuevo caballero» que se desea en las fantasías modernas ya no es una figura unidimensional. Ahora es mucho más complejo y ambiguo. Tiene muchas más capas, y en definitiva, es un hombre mucho más interesante. Porque ser caballeroso también pasa por saber escuchar activamente, respetar las decisiones de la otra persona, y dejarse querer. Así, lo que están valorando estas mujeres no es la capacidad de los hombres para ser masculinos, sino de «jugar con su masculinidad» y renovarla, precisamente por no tomársela tan en serio.

Puede ser divertido y cómodo para algunas personas seguir legitimándose en algunos roles conocidos siempre que ningún involucrado esté esperando una relación dependiente y descompensada. Digamos que son acuerdos tácitos que invitan a conservar los «protocolos», y que se aceptan siempre y cuando estén por debajo del respeto mutuo y la igualdad de poderes. Una especie de envoltorio con lacito 🎀.

Del mismo modo, muchas mujeres hoy en día también abrazan su feminidad de una forma más libre y cómoda que en el pasado, pese a lo que se dice desde sectores más conservadores (que aseguran que la feminidad está «desapareciendo»). Al contrario, se ha legitimado a la Girly Girl y rechazado el instinto «pick me» de creerse mejor que las demás por ser más masculina. Las mujeres han empezado a celebrar sus características femeninas y respetar las de otras mujeres sin tacharlas de frívolas como hace unos años —y procurando que no sea un instrumento de opresión. Precisamente por la entrada del feminismo en nuestras vidas, muchas empezamos a valorar y legitimar nuestros comportamientos «lady-like» que hace no tanto tiempo habríamos considerado estúpidos o denigrantes. [Este tema es complejo y lo comento más en detalle en la siguiente entrada: De pick me girl a girly girl. ¿Qué hay detrás del deseo de hiper-feminizarse?]

En algún lugar entre 2047 y 1950

Por eso creo que es un error garrafal presentar al feminismo como un «enemigo moderno» para las relaciones sanas y románticas. Al contrario, creo firmemente que las conversaciones que se han abierto en los últimos años acerca del género nos han hecho comprender que los roles no son más que eso. No son nuestra identidad completa, porque somos mucho más complejos, sino figuras simplistas que tienen sus backrounds culturales. Hoy podemos reírnos de nuestros comportamientos adheridos a los roles hegemónicos, e incluso disfrutarlos con mucha más libertad sin necesidad de tomarlos como reglas. Por supuesto que evidentemente todavía son problemáticos en muchos casos, pero lo que vengo a decir es que creo que es positivo abrir las puertas a nuevas formas de interpretarlos.

Las relaciones de igual a igual, con poderes compensados, no deberían retratarse como «menos románticas» o «estropeadas». No es verdad que sea necesario que el hombre sea dominante y la mujer sumisa para que una relación heterosexual sea «estética» (te hablo de lo del lacito 🎀).

Esa es una forma de demonizar el futuro e idealizar el pasado sin matices. Las relaciones en el pasado tampoco eran perfectas, y un hombre tampoco va a ser necesariamente feliz con una «mujer sumisa» (la relación traerá igualmente sus complicaciones, porque siempre las trae; la mujer dependerá de él para todo, lo cual no necesariamente le resultará tan agradable en la práctica, y la dinámica entre los dos podría ser profundamente decepcionante por haber pecado de acceder a fantasías).

Lo del vídeo de Wall Street Wolverine

Este vídeo de Wall Street Wolverine al que hacía referencia al principio es un buen ejemplo de cómo a veces se distorsiona este debate. En su planteamiento, se habla de un escenario extremo en el que los hombres como él tienen las siguientes opciones:

  • A. Salir con mujeres españolas que, según él, están “radicalizadas” por el feminismo, son “abrasivas” y les corrigen todo (o les van a denunciar).
  • B. Salir con mujeres de otros países, como Colombia, que supuestamente no están “quemadas” por el feminismo moderno.

Este enfoque es profundamente radical y no refleja una realidad compleja. De hecho, se contradice con las propias demandas que exige después: si pide a las feministas que no sean radicales y que consideren los tonos de gris, tal vez debería aplicar la misma lógica a su análisis. (Tacha de radicalizados a los demás, y acto seguido suelta un planteamiento extremista y desorbitado) Este tipo de discursos también nos alejan y nos dividen, cuando se supone que esa división es lo que le preocupa.

Presentar escenarios apocalípticos como éstos (en los que los hombres prácticamente tienen que huir del país porque sino van a terminar entre rejas por una denuncia falsa de una ultra activista feminazi) es una acción exactamente igual de radicalizada que la contraria, y no nos ayuda en nada. Por no hablar de que exotiza y estereotipa a grupos de mujeres (Colombianas, Venezolanas, Ucranianas) cuyas diferentes culturas son, no sólo diferentes entre ellas, sino también mucho más que un simple compartimento de futuras trad-wifes deseosas de aceptar cualquier término relacional.

Es normal que la tradición se gestione y se adapte a los tiempos. No estamos en 2047, pero tampoco en 1950. Cada pareja tiene que construir sus propias dinámicas, negociando y encontrando un equilibrio entre lo que desean y lo que necesitan (esto no solamente es un reto, sino que también es una riqueza si lo sabes disfrutar).

También cabe añadir que el título del vídeo es «la dificultad de las mujeres de izquierda para encontrar pareja», cuando en realidad, de lo que habla es de las dificultades del hombre conservador para encontrar pareja. Seamos justos.

un caballero interesante y una dama en apuros

Ni la masculinidad ni la feminidad son problemas en sí mismos. El problema es utilizar las cualidades asociadas a cada concepto para perpetuar dinámicas desiguales y dañinas para todos. Cada uno de nosotros tiene características masculinas y femeninas dentro de sí mismo. Es una suerte poder explorar ambas cosas y expresarlas, sin considerar que son casillas en las que debemos encajar por la fuerza – ni caer en interpretaciones erróneas y muy pobres.

Por otro lado, tampoco es verdad que la masculinidad y la feminidad estén en peligro de extinción (este cuento se viene contando desde le principio de los tiempos). No tienes más que salir a la calle y mirar a tu alrededor para ver que las personas siguen mostrando cualidades masculinas y femeninas en sus expresiones y energías, indistintamente, cada día de sus vidas. Esas características que puedes valorar en el otro siguen estando ahí. Cada persona es demasiadas cosas como para querer reducirlas a un par de comportamientos e ideas. Y cuando nos juntamos, todo se vuelve más complicado.

Adaptarnos a un mundo moderno y evolucionar nuestro pensamiento colectivo no implica renunciar a lo que somos, ni a lo que queremos ser, ni a lo que nos atrae de los demás, sino comprender de donde viene, gestionarlo, y aprender a construir espacios donde sentirnos iguales, valorados, respetados, admirados mutuamente, y queridos.

Como sabiamente dijo La Cenicienta: nadie está solo 🎀.

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"Las historias no son verdades, pero son realidades. Las historias son útiles. La gente que no tiene historias no vive bien en el mundo. Y las historias son como el agua: cambian su forma, pero siempre encuentran la manera de fluir hacia adelante. Cuando las compartimos, también aprendemos a ser humanos unos con otros."

- Ursula K. Le Guin

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@sarabuin_

Soy fan de Taylor Swift, escribo un blog, y tengo un podcast (todas las pistas apuntan a lo mismo: soy millennial)

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