“Si no me quisiste en mi peor momento, no me mereces en el mejor”…
“Si no te quieres a ti mismo, no debes tener una relación”…
“Si todos fuéramos más empáticos, el mundo sería mejor”…
Cualquier usuario con un perfil en redes sociales, una cuenta en Canva, y un poco de labia, puede convertirse en un “gurú” para la vida moderna. Muchos creadores de contenido (y también nuestros amigos y vecinos), utilizan sus plataformas para lanzar ideas y «reflexiones» sobre relaciones humanas y salud mental que, en realidad, son mucho más complejas y tienen sus matices.
Normalmente nos las presentan en forma de frases cortas, captions llamativas y fáciles de recordar — por lo que resultan reconfortantes y atractivas, pero al mismo tiempo creo que también pueden estar normalizando una visión muy reducida de temas que merecen seguir considerándose profundos e intrincados.
Romances tóxicos, celos y límites
Basta con echar un vistazo a unas cuantas historias de Instagram y de TikToks para encontrar incontables reflexiones alarmantemente categóricas acerca de cómo debe ser una relación romántica sana y cómo identificar señales de alerta.
Afirmaciones como “no te metas en una relación hasta que no te quieras a ti mismo” o “nunca salgas con alguien que nunca ha tenido una relación” son dos ejemplos de statements que en principio intentan promover relaciones saludables, pero que pueden estar dando lugar a interpretaciones cada vez más simplistas cuya literalidad nos condena a la ignorancia.
Cuando “pones límites” a tu pareja (otra expresión que también nos encanta) puede ser que estés haciendo un gesto de amor propio, pero también puede ser que estés siendo intolerante e inflexible, o que estés siendo infantil y egoísta. Así que cojamos estas frases y estos límites con pinzas, y analicemos con cuidado (o con ayuda profesional).
En muchas otras ocasiones, no estaremos admitiendo nuestros propios comportamientos “insanos” (por ejemplo nuestros celos), porque nosotros mismos los hemos estigmatizado como “tóxicos”, y airearlos nos haría caer en el saco de los indeseables, poco deconstruidos. Otros podemos estar presumiendo de “no ser celosos” cuando en realidad lo que estamos siendo es desapegados, distantes y fríos — precisamente para evitar la inseguridad sin saberlo. (Estos sólo son ejemplos de cómo las personas y las relaciones pueden ser complejas)
“Yo primero”
Otra tendencia común es la de insistir en colocar el “amor propio” y el “autocuidado” como prioridades y requisitos indispensables para relacionarse con otros (no ya románticamente, sino en general). No dejamos de promover la idea en redes sociales de que el “yo” va siempre primero, y de que solamente estando “completos” y “amándonos a nosotros mismos” podremos construir relaciones sanas. Aunque haya verdad en todo esto, pretendo insistir en la necesidad de acercarnos a estas ideas con prudencia, sin ignorar sus respectivos matices para no caer en malas interpretaciones. Estos mensajes son demasiado sencillos como para tomarlos como vienen y pueden ser mal entendidos por algunos como premisas individualistas, egoístas y autocomplacientes.
A veces se hace mal uso (o uso irresponsable) de términos como “dependencia emocional” en redes sociales, señalando conductas humanas que no son tal cosa según los expertos. Parte del crecimiento personal también puede pasar, en algunos casos, por aceptar la ayuda y las peticiones de ayuda de los demás, sin dependencias ni miedos al compromiso de por medio.
Muchas personas pueden llegar a sentir que “nunca están listas” para una conexión real (porque no son perfectamente autosuficientes, perfectamente maduras, y perfectamente responsables) y que por eso deben “esperar” para relacionarse. Cuando en realidad, relacionarse podría ser precisamente el camino flexible y dinámico que necesitan para continuar desplegándose y descubriendo lo que todavía desconocen. (De nuevo, estos solamente son ejemplos que me sirven para explicar la complejidad que puede haber detrás de estás dinámicas y por qué no deberíamos simplificarlas.)
rEFLEXIONES VIRALES fantásticas y dónde encontrarlas
Términos como “toxicidad”, “persona vitamina”, “red flag”, “inteligencia emocional”, “responsabilidad afectiva”, “dependencia emocional”, “empatía” y “narcisismo”… se han popularizado tantísimo en redes sociales que su significado se ha diluido hasta la mínima expresión. Lo que debía servir para identificar y poner nombre a algunas dinámicas se ha convertido en una forma de estigmatizar y etiquetar categóricamente, y frecuentemente desde el absoluto desconocimiento.
En el peor de los casos, en una excusa para crear contenido polarizante que consiga interacciones y likes.
Sin ser conscientes de ello, podríamos estar clasificando a los demás con estas etiquetas “buenas” o “malas” dependiendo de si cumplen con cosas tan subjetivas como nuestras expectativas o nuestra opinión, o de cómo de convenientes nos resultan sus movimientos — sin pararnos a recapacitar sobre si realmente estamos siendo tan justos, sabios, y maduros como creemos.
“Empatía”, por ejemplo, es uno de esos términos que está totalmente pervertido en redes sociales. Se utiliza “ser empático” prácticamente como sinónimo de “ser buena persona”, cuando es mucho más complejo. Primero porque ser buena o mala persona es una cuestión muy subjetiva, y segundo, porque incluso dentro de los comportamientos que se podrían aceptar como “estándares”, tampoco es del todo cierto. Puede resultarnos muy difícil empatizar con alguien o con su problema a nivel emocional, y que al mismo tiempo, sigamos teniendo la voluntad libre de acompañarle o de prestarle apoyo y escucha sin juicios.
Este tipo de reflexiones en blanco y negro, disfrazadas de “verdades universales», ofrecen soluciones rígidas que no consideran los contextos individuales ni la complejidad de cada situación, así como una falsa sensación de control y seguridad en uno mismo. Éstas pueden llevar a promover la toma de decisiones basada en generalizaciones en lugar de fomentar la reflexión y, en muchos casos, poner trabas para la búsqueda de ayuda («no necesito ir al psicólogo porque ya he leído mucho sobre salud mental en redes sociales y no me va a decir nada que yo no sepa»).
Por último me gustaría aclarar que con esto no estoy diciendo que no existan las manipulaciones ni los abusos, ni que no sea verdad que alguna vez hayamos sido víctimas de algún comportamiento tóxico, ni que no sea verdad que debamos poner límites ni practicar el amor propio. Pero sí que creo que hemos llegado a un punto de auto-diagnóstico, hiperfijación y banalización de estos temas que, teñido del individualismo y de la superficialidad de las redes sociales durante los últimos años, nos puede estar dejando muy ciegos.